sábado, 25 de julio de 2009

"El poder de las predicciones"

Existe un concepto extraordinario en su manifestación.

Un concepto que, de ser comprendido, dotaríamos nuestra existencia de mucha más tranquilidad y mucho menos estrés.

Ese concepto es único, incomprendido, natural y necesario.

Y digo que es necesario porque realmente lo necesitamos para vivir con un buen nivel de satisfacción.

Y antes de compartir este concepto o idea, o también podría llamárselo habilidad, sólo necesito que esté un poco al corriente de las últimas noticias.

El Banco de México, la Secretaría de Hacienda y creo que además el Banco Mundial, acaban de notificarnos que el índice de decrecimiento económico que tendremos para el segundo semestre del año es de, si mal no recuerdo, aproximadamente 7%. Es decir, nuestra economía, la de México, se encogerá en un 7%, decimales más, decimales menos.

Creo también recordar cifras superiores a esta del 7%. Una de ellas, incluso, llegaba a determinar que nuestro decrecimiento sería del orden del 10%.

Se trata de una medición llamada Producto Interno Bruto, pero yo creo que los brutos son los encargados de medirla y anunciarla. Sobre todo cuando están hablando de futuro y no pasado.

Y este es el concepto al que me refería al inicio de este artículo. Su nombre es el de "Profecías autocumplidas". No deja de maravillarme cómo los seres humanos son capaces de predecir el futuro, cuando predecir el futuro es una ciencia ampliamente rechazada por los científicos tradicionales. Simplemente trate usted de registrar a cualquier pitonisa en una convención de científicos nucleares y la expondrá un rechazo mayor todavía al de una persona que estornuda hoy en día en un vagón del metro de la Ciudad de México en hora punta.

Sin embargo, los economistas oficiales sí pueden leer las manos y al mismo tiempo declararse perfectamente inútiles para evitar su predicción. Es decir, "El PIB se contraerá un 7%" y no hay nada que lo pueda evitar (esto último lo añado yo).

Francamente no me preocupan las predicciones oficiales porque siempre hay que distinguir "la economía" de "mi economía". Mientras que la primera puede estar débil, la segunda no tiene porque ser afectada. Ejemplos hay muchos, créame.

Lo que más me preocupa son dos cosas, a saber:

1. La gran capacidad de los organismos oficiales de reportar datos y su enorme incapacidad para alterarlos o modificar la realidad.


2. Que muchas personas se crean sus predicciones, se asusten, actúen en consecuencia y provoquen aquello que tanto temen, creando el efecto de "Profecía Autocumplida".

Recuerde siempre que usted crea su presenta y su futuro ( y existen personas muy aventuradas que dicen inclusive que usted crea también su pasado). No existe ningún destino tan escrito que no se pueda cambiar y todo es posible si usted cree que puede modificarlo, aunque no sepa cómo.

Por ejemplo, yo no sé cómo generar crecimiento económico, pero estoy totalmente seguro que a pesar de cualquier circunstancia, en cualquier momento se puede generar crecimiento del famoso PIB. Es una cuestión de creatividad e ingenio y no de posibilidad. Porque el pensar "no existe manera de revertir la tendencia" es en sí mismo una "Profecía Autocumplida".

Y lo mismo aplica directamente a los seres humanos.

Verá, nuestro destino es como una de esas pizarras de juguete que están llenas de arena, en las que uno puede escribir con un lápiz y queda marcado en la pizarra. En uno de los laterales tiene una especie de barra interna deslizable que al deslizarla borra todo lo que quedó marcado en la pizarra, quedando esta lista para volver a ser escrita.

Ahora imagínese que alguien escribió "7% de decrecimiento". Usted simplemente todo lo que tiene que hacer es mover la barra lateral y después de borrar el "de" de decrecimiento, le añade un 2 ó un 3 antes del 7% y de esta forma pueda leer lo siguiente:

"37% de crecimiento económico en el segundo semestre del 2009"

Y si una voz interna le dice "Eso es imposible", por favor, en una muestra de justicia y congruencia, use la misma expresión para las predicciones de decrecimiento y mande a volar a cualquier persona o institución que le diga lo que va a pasar con su vida.


Piense en ello.

Francisco Cáceres Senn

martes, 9 de junio de 2009

La diferencia entre saber algo y llevarlo en el corazón.

No es lo mismo. Parece, pero no lo es.

Ya los antiguos hacían una diferencia entre saber algo y “conocerlo”. De hecho, la palabra conocer tiene un significado muy particular en la Biblia y no es precisamente el de aumentar el acervo de conocimientos.

Y aunque yo sea el que está escribiendo estas palabras en este momento, seguramente voy a describir una experiencia compartida sino con muchos, sí con más de uno: la de “conocer” algo a nivel profundo, más allá de las palabras.

Las palabras son un muy mal mecanismo de comunicación profundo y preciso. Con frecuencia requieren de muchos parches y aclaraciones para entender lo que finalmente querían expresar. Pero el que no tenga uno palabras para expresar algo no significa que no lo conozca profundamente.

De hecho, las cosas más profundas de la vida son ciertamente inexpresables.

El punto es que con cierta frecuencia me sucede, y esta es la experiencia compartida, que me embarga un sentimiento acerca de la certidumbre o la comprensión de cierta idea que ya llevaba en mi mente por cierto tiempo.

Y es que acabo de tener este tipo de “aha” con una idea, pero antes de decirle cuál, déjeme contarle una historia.

En la última ocasión en que mi familia y yo fuimos a esquiar, mi esposa me animó con cierta vehemencia a intentar algo nuevo: subir hasta la cumbre de la montaña, en dónde ya no existen pistas marcadas ni personal de ayuda. En estos parajes estás bajo tu propio riesgo y nadie se hace responsable más que tú de lo que te pueda ocurrir. Por supuesto, los que operan la montaña te avisan que este terreno sólo es apto para expertos.

Yo no soy un experto. No me avergüenzo de aceptar que me la pasé posponiendo la dichosa subida a la cumbre lo más que pude. Hasta que fue inevitable la subida en cuestión.

Esa mañana nos dirigimos muy entusiastas hacia nuestra aventura (y no era precisamente entusiasmo lo que yo sentía). Íbamos mi esposa, mi hijo Alex y yo. Un camión de esos que andan en la nieve nos iba a llevar hasta la ansiada cumbre. Yo ya había preguntado al conductor que si me podía regresar con él, en caso de dar marcha atrás a mi temeraria aventura, a lo que contestó que por supuesto que sí. Esto hizo nacer el entusiasmo en mi.

Más tranquilo, nos subimos realmente encantados al camioncito. Ahora sí era una aventura, de esas que no tienen riesgo. Finalmente, si no me gustaba, me regresaba y ya. Iba a tener que soportar las burlas de mi esposa y de Alex, pero eso no amenazaba mi vida.

En verdad la subida en el camión fue algo extraordinario, excitante a más no poder. Los paisajes que se iban revelando ante nuestros ojos eran de una belleza imposible de transmitir a otros que no la estuvieran viendo. Yo quería contar la magnificencia de la naturaleza que estábamos disfrutando, pero sabía que nadie que no hubiera estado conmigo, podría ser capaz de entender de lo que hablaba.

Saqué la cámara del bolsillo y al hacer la primera toma me di cuenta de que ese método también resultaba insuficiente para compartir mi asombro.

Continuamos subiendo hasta la cumbre, nerviosos y expectantes ante la idea soberbia de estar a solas con la montaña. Recuerdo haber pensado en una frase que escuché en una película: “Sólo sabes de que eres capaz y quien eres cuando te enfrentas a Dios en el desierto, en la montaña o atravesando los océanos”. Al fin que yo ya sabía como regresar, de la misma forma que estaba subiendo, en tractor. Y conforme más subía, mas determinado estaba de continuar sentado.

Había ido mejorando como esquiador progresivamente, desde la primera vez que lo hice, pero a estas alturas me sentía muy cómodo esquiando en las pistas de dificultad intermedia. Realmente cómodo y no deseaba abandonar esa comodidad. Sin duda, bajar desde la cumbre por terrenos o pistas desconocidas o salvajemente naturales era equivalente a cambiar un cómodo colchón nuevo por una cama de clavos.

Pero, maldito sea el principio de prueba social. Verá, créame que no peco de valiente ni temerario. El caso es que no estábamos solos en el camión. Y, ¿qué?, preguntará usted y con toda la razón. Pues nada, que al bajarse todos yo no pude hacer más que seguirles en su comportamiento e imitar lo mejor que podía lo que estaban haciendo (el mono hace lo que el mono ve). Ellos se bajaron así que yo también lo hice sin pensar. Cuando me di cuenta ya estaba en el frio suelo de la cumbre de la montaña, ciertamente extasiado de lo impresionante del paisaje.

Como es obvio suponer, en lo más alto de la montaña, hace más frío que en la base y creo que fue esos lo que me congeló la lengua, pues me quedé mudo viendo como el tractor se alejaba de nosotros, iniciando el descenso sin mí, dejándome a los designios de la diosa fortuna. Tenía que calmar el latido de mi corazón antes de que este causara una avalancha, pues estaba seguro que era tan fuerte que todos los demás lo podían escuchar.

El punto es que ahora ya no tenía otra forma de bajar más que esquiando (o en camilla). Me encomendé a Dios y decidí que ante lo inevitable, lo mejor era relajarme y gozarlo. ¿El fin de la historia? Grité, maldije, me quejé de mi suerte y me cai varias veces, todas en blandito. Pero lo hice y llegué sano y salvo a la base. El mismo que había subido hora y media antes estaba de regreso y cantando en la base.

Un momento, ¿dije el mismo? Ni por causalidad era ya el mismo, porque me había atrevido a salir de mi zona de confort. Ese mismo día volví a subir a la punta de la montaña y en ocasiones posteriores he subido cada vez que he tenido oportunidad. En una de ellas me perdí por más de una hora en el bosque por tomar el camino equivocado, pero esa es otra lección

¿Cuál puede ser la moraleja de mi historia? Verá, yo creo que esta moraleja no representa nada nuevo o que no haya escuchado antes, pero recordándola es que me llegó mi momento de comprensión profunda.
Entendí sin un asomo de duda que necesito arriesgar para seguir creciendo, que necesito salir de mi zona de confort para evolucionar al siguiente nivel de mi existencia. No importa qué tan sensacional resulta lo que está viviendo en este momento, lo mejor está todavía por descubrirse, si es que se atreve a arriesgar.

Los paisajes más bellos y la esquiada más extraordinaria la experimenté en esa subida, lo que me hace pensar que el riesgo sólo puede llevarte a un lugar mejor, mucho mejor.

Si ya está en crisis, de ninguna manera es momento de portarse conservadoramente. Es el momento preciso de arriesgar.

Busque sentirse incómodo en lo que sea, porque esa incomodidad solo puede llevarle a la aventura más grande de su vida: usted.

Siéntase cómodo sintiéndose incómodo.

“Quien no arriesga, no gana”, dicho anónimo popular.

Piense en ello,

Francisco Cáceres Senn

miércoles, 13 de mayo de 2009

Un gran reto a nuestras creencias

Una era ha terminado en estos días.


Tal vez no seamos capaces de precisar exactamente el moento en que esta era terminó. Lo que sí sabemos es que nada será ya igual.


Y la nueva era en la que ya entramos requiere que tomemos decisiones firmes y precisas.


Decisiones, sí pero, ¿acerca de qué?


Verás. Podemos amarrarnos a nuestro trabajo con miedo a perderlo, o tal vez posponer esas compras o inversiones que teníamos tanto tiempo planeando, esperando un momento mejor.


O salir de casa unicamente para lo indispensable, con miedo a contraer cualquier clase de enfermedad invisible pero mortal.


Mi experiencia es que no existe mejor momento que ahora, porque el mañana no existe. Y, si es verdad que yo construyo mi existencia hasta en los más mínimos detalles, si con todo mi corazón creo en ello, tal vez sea momento de vivirlo con mayor intensidad de lo que nunca lo hice antes.


Porque ahora es el momento...


La decisión que tal vez tenga que tomar es empezar a creer en mi y aceptar mi respnsabilidad de cambiarme yo para cambiar el mundo que me rodea.


La crisis y los virus son absolutamente reales en la vida de muchas personas, sin duda. Pero de lo que estoy absolutamente seguro es que ninguna crisis ni nigún virus puede hacerle el menor daño a alguien que conoce su poder personal y lo usa para construir el mundo que desea vivir.


Céntrate en tu poder personal y ten por seguro que absolutamente nada puede pasarte que tú no autorices. No lo hagas.


Tu misión de construir el mundo de tus sueños está hoy más vigente y viva que nunca. Toma todo tu corazón y todo tu enfoque y ponlo en tus metas y crecimiento personal y estarás a salvo de cuaquier amenaza que los fanáticos puedan inventar. Porque mientras más sigas poniendo tu atención y tus miedos en lo que no deseas, más real lo haces en tu mundo.


"Todos los recursos que una persona necesita para realizar un cambio, se encuentran ya dentro de él o ella". Primera presuposición de la PNL, Richard Bandler, 1974.


Recuerda recordar no olvidar que tú tienes el poder.


Piensa en ello.

Francisco Cáceres Senn

miércoles, 29 de abril de 2009

"El virus más peligroso del mundo: VEM"

El virus porcino es la última y más reciente amenaza a nuestra salud, a nivel mundial y desde luego local, aquí en México. Y sin duda, es causa de pánico internacional.

Repentinamente, personas de todos los niveles sociales, económicos o culturales, ven amenazada su existencia y salud.

Y, sin embargo, existen virus todavía más dañinos y mortales para el ser humano que el porcino. Antes de saber cuales son quisiera hacerle algunas reflexiones...

Por peligroso que sea un virus o una bacteria, es bueno recordar que forman parte del mecanismo que los humanos usan para reforzar o fortalecer su sistema inmunológico y de defensa. Así ha sido por los últimos 7 millones de años, asumiendo que ese es el tiempo que el humano tiene en el planeta tierra.

De la misma forma, en la vida en general, son los retos y amenazas los que nos hacen más fuertes. Son, finalmente, los mecanismos a través de los cuales construimos y usamos nuestras más grandes fortalezas.

Sin pretender negar a los creyentes la necesidad de tomar medidas de precaución recomendadas y sin tampoco reducir la percepción de peligrosidad de esta situación, si me es interesante darme cuenta de que súbitamente, la mayoría de los seres humanos está descubriendo algo que ya sabíamos desde que nacemos: que somos mortales.

En mi muy personal punto de vista, no somos más mortales ahora con esta amenaza de epidemia que lo que éramos hace uno o dos meses. De hecho, pienso que las probabilidades de morir son exactamente las mismas que siempre han sido: en cualquier momento.

Y sin tampoco tratar de ser optimista de manera simple, me es evidente que esta amenaza pasará de forma inevitable y que en algunos días tendremos noticias de cómo fuimos salvados por las extraordinarias medidas de control que tomaron los políticos y gobernantes, quienes demostraron una vez más que somos la más alta preocupación de sus vidas. Nuevos héroes nacionales se darán a conocer en los próximos días, ya verá.

Y sin embargo, cuando todo esto haya pasado y sea parte de la historia y estadística, todavía seguiremos siendo víctimas del virus más mortal y peligroso que existe: el VEM (Virus de Escasez Mental) y su cepa mutada más reciente la NTCSMV (No Tengo Control Sobre Mi Vida).

Este insidioso y resistente virus tiene la cualidad de no tener sintomas aparentes y se disfraza de normalidad con mucha facilidad. Es contagiosísimo y puede transmitirse de cualquier manera, aunque no haya contacto ni estemos en presencia de la persona previamente infectada.

Es el único virus del mundo que se puede inclusive transmitir en cualquier medio escrito o por mensaje de correo electrónico, ya no se diga en medios auditivos, a los que ciertas personas parecen ser más susceptibles o sensibles todavía. Y, sin embargo, el medio más eficaz y reciente parece ser el que involucra video y grandes y coloridas gráficas.

Se ha encontrado que uno de los efectos de la enfermedad es que en casos no poco frecuentes, por cierto, las personas infectadas llegan al extremo de defender su enfermedad contra cualquier vacuna o remedio que se les enseñe. En un caso atípico, se vuelven resitentes al remedio y no a la enfermedad.

Es un virus peligroso y dañino, sin duda. Tanto que existen personas que se auto denominan como curadas y siguen estando infectadas hasta la médula del mal y, aún sin proponérselo continuan expandiendo el virus entre amigos y familiares.

En lo único que parece compartir con sus hermanos virales es que los grupos de riesgo están entre niños y adultos mayores. Los primeros porque son muy fácilmente contagiables, los segundos porque demuestran una resistencia extraordinaria para la erradicación del mal. Aunque es justo decir que ambas condiciones se pueden encontrar a cualquier edad.

Según los biólogos, nos está claro si se les puede considerar como organismos vivos o no vivos, pero lo que sí queda claro es que los infectados están claramente del lado de los zombies.

Y, repito, cuando todo este asunto de la Gripe Porcina haya terminado el NTCSMV seguirá campando por sus raudales sin que nada ni nadie le haga frente.

En mi concepto este último es un virus mucha más peligroso, por cuanto que su principal fortaleza reside en que no es fácilmente identificable y no existen medidas preventivas, tales como el uso de máscaras o el lavado frecuente de manos o el no permanecer en concentraciones masivas de personas. Adicionalmente, las fuentes de contagio son innumerables y están en cualquier lugar, visible o invisible.

Pero sí existen medicinas, y muy efectivas. Y una vacuna, por cierto. La vacuna se llama AUTOCONOCIMIENTO, porque cualquier persona que se conoce a sí misma, sabe que el NTCSMV es un virus mental y que es más falso que un billete de 3 dólares (o de 15 pesos, para los efectos).

La medicina más eficaz es la INFORMACIÓN CORRECTA y se obtiene de fuentes tan a la mano como libros, seminarios, conferencias. Aunque también la vida entera está plagada de fuentes de información. Sólo basta con observar detenidamente un amanecer para darse cuenta del mundo tan grandiosamente bello y perfecto en el que vivimos. O dedicarle simplemente varios minutos al día a apreciar las extraordinarias cualidades exclusivas de su pareja o hijos.

O simplemente, ser capaz de encontrar algo valioso que agradecerle a la vida en este momento. ¿Puede encontrar algo así como esto último en este instante? Perfecto, porque está camino de la inmunidad.

El NTCSMV (No Tengo Control Sobre mi Vida) se ha visto reforzado en los últimos tiempos con el bombardeo de información al que estamos sometidos y cuya idea fundamental es hacernos creer que no tenemos control sobre nuestras finanzas (crisis mundial) ni sobre nuestra salud (Virus Porcino) y que otras personas o situaciones externas vendrán, si Dios quiere, a nuestro rescate. De otra forma, no tenemos remedio.

Sin embargo, una pequeña dosis de la medicina mencionada o de la vacuna en cuestión, nos llevará directamente al desarrollo de la inmunidad total, conocida como EPEM (El Poder Está en Mí).

Vacúnese en su centro de salud más cercano. El 15 de mayo llevaremos a cabo una campaña masiva de vacunación e información en un evento llamado Diseñanado su Destino, en el hotel Suites del Angel, en el DF. Más información en esta liga http://neuromanagement.net/semi1.htm .

Mientras tanto, no deje de tomar las precauciones necesarias para la Gripe Porcina, y tampoco se olvide de desarrollar el EPEM. Una vez desarrollado, empezará a contagiar a las demás personas y será un contagio que le agradecerán toda su vida.

Piense en ello.

Francisco Cáceres Senn

miércoles, 15 de abril de 2009

Por qué a veces saboteamos nuestro éxito

"A ver, espera un momento... ¿Saboteamos nuestro éxito? Querrás decir que alguien más nos comete sabotaje, nos impide crecer, pero ¿yo?". Tal vea se haga usted estas preguntas en este momento y lo comprendo, porque yo también pensaba automáticamente así en el pasado.

La idea que quisiera contarle es acerca de un concepto muy importante a tomar en cuenta en todo lo que nos sucede en nuestra vida y que explicará a muchas personas porqué les pasa lo que les pasa. Y tiene que ver con nuestro inconsciente (sí, ahí va de nuevo esa palabreja).

Pero antes de contarle este concepto que cambiará su vida para siempre, déjeme compartirle una historia. Una historia de alguien como yo o como usted, como cualquiera de hecho.

Juan es un hombre de unos cuarenta años, más o menos, divorciado y con un negocio que ya tiene varios años tratando de levantar pero parece que la cosa nunca terminará de arrancar.

En cierto modo se puede decir que es un individuo auto motivado, pues se mantiene luchando al decirse a sí mismo incesantemente que si sigue intentándolo, finalmente lo va a lograr.

A veces se desespera y piensa que nada en el mundo tiene sentido, en otras ocasiones se siente que va en el camino y que todo es cuestión de tiempo.

Sin embargo, con el tiempo, se puede decir que son más las dudas que las certidumbres en su vida y esto lo coloca frecuentemente en estados emocionales de desánimo y mal estar, lo que lo lleva a seguir teniendo dificultades como producto de estos estados emocionales.

Juan tiene mucha información al respecto. Ha estudiado muchos programas, leído muchos libros y escuchado muchas conferencias acerca de auto ayuda, hipnosis, desarrollo personal, etc., y sabe que necesita sentirse positivo para que las cosas funcionen como el quiere. Pero no puede, o no le ve ya el caso.

Ciertamente las cosas han mejorado gradualmente con los años, pero sigue experimentando básicamente los mismos problemas y cuando parece que ya todo se va a componer, algo sucede que lo regresa a su triste realidad.

Juan sabe mucho, sí, pero no se da cuenta de que tiene un poderoso enemigo trabajando para que viva el tipo de vida que está viviendo, y trabajando desde su interior.

Y de hecho, en realidad no es un enemigo, pues sólo está haciendo lo que considera más adecuado para nuestra vida, psicológicamente hablando, claro está.

Como no podemos llamarlo ni amigo ni enemigo, lo llamaremos factor. Y este factor ha estado trabajando silenciosamente en nuestro interior por años. Sin Juan saberlo, se ha ido alimentando de las energías más poderosas de nuestra vida, de las enseñanzas de nuestros padres, maestros o personas de importancia de nuestra vida.

Este factor esta íntimamente aliado con nuestro inconsciente para compensar nuestra existencia y alinearla en relación a sí mismo. Nuestra vida no puede violar las reglas de este factor y, si lo pensamos con cuidado, toda ella está diseñada en torno al dichoso factor.

En algunas personas, el factor los ha llevado a cometer actos de grandeza enorme, aunque al final les haya costado hasta la vida misma. En otras, las personas afectadas por un exceso en el factor, no han podido más que hacer o diseñar una vida miserable.

Lo paradójico es que una cierta dosis de este factor es ciertamente sana, mientras sepamos la fuente o el origen del mismo y esté controlado o colocado en el marco correcto.

Y como le comentaba al principio, este factor explica total y convincentemente por qué nos pasa lo que nos pasa o por qué hacemos lo que hacemos. Y lo más complicado es, según mi experiencia, aceptar su existencia. Encuentro que la mayoría de las personas tienen severos problemas para descubrir su existencia, pero cuando lo logran la experiencia es próxima a la iluminación, por cuanto nos libera y hace sentir casi en el éxtasis.

Cuando nos damos cuenta de que este factor ha estado trabajando sobre premisas absolutamente falsas, realmente nos sentimos liberados y es cuando podemos alcanzar plenamente nuestro potencial como seres humanos.

Y este factor, pues, es un programa inculcado profundamente en nuestro inconsciente para trabajar siempre, a cualquier hora y en cualquier condición. Su nombre (finalmente) es "la culpa".

La culpa ha sido implantada firmemente en nuestro sistema nervioso como un mecanismo para generar conductas adecuadas o correctas. Cuando hacemos algo mal nos sentimos culpables. Y toda culpa sólo se elimina cuando hemos pagado el precio de nuestros actos.

Juan no lo sabe, pero el se siente culpable por muchas cosas. Tantas que ni siquiera las recuerda. Pero podría ser simplemente "el daño por el que pasaron sus hijos durante el divorcio", o "todo ese tiempo en que no le dirigió la palabra a sus padres" o "todas aquellas cosas que hicieron enojar a los demás o les han causado vidas miserables", "por mi culpa".

En muchos casos, son otras personas las que lo han convencido de que por su culpa, su vida es mucho peor. En otras, ni siquiera hizo falta que alguien se lo hiciese notar pues el solo se dio cuenta, desatando de manera automática el mecanismo de compensación llamado "culpa", hábilmente instalado en su interior.

¿Cómo funciona la culpa? Muy fácil. Una vez implantada, las cosas funcionan así: primero cometemos el acto en cuestión que causó un grave problema a alguien importante para nosotros; después sentimos la necesidad de reparar el daño, pero por alguna circunstancia ya no podemos. A continuación, nuestro inconsciente se encargará de compensar nuestra vida para que toda ella sea un pago por nuestro exceso, haciendo que nuestro negocio fracase, haciendo que nos despidan del trabajo, que la persona que amamos nos desprecie, lo que sea.

A nivel consciente yo no quería que nada malo me pasase pero a nivel inconsciente me ocurre exactamente todo lo que me merezco. Inclusive, me puedo convertir literalmente en un adicto al castigo, de una culpa que jamás podrá ser curada.

La culpa es el Karma occidental. Pero, ¿se puede vivir sin culpa?

La respuesta es sí, se debe vivir sin culpa y se debe vivir con responsabilidad.

Estos son 3 pasos para vivir sin culpa y aceptar plenamente nuestras responsabilidades:

Paso 1: Si existen aspectos que no prosperan en su vida a pesar de todos sus intentos, descubra si tal vez, esto está pasando porque está tratando de pagar una culpa impagable.

Paso 2: Recuerde ser responsable en lugar de culpable, pero sobre todo pensando en el presente y no en el pasado. Recuerde ser responsable de:

No desearle jamás mal a nadie.
Únicamente desearles amor, paz y prosperidad ilimitada a los demás.
Responder con habilidad a los retos que la vida nos lanza como respuesta a nuestras solicitudes.
Elegir sus estados emocionales.
Sentirse la mayor parte del tiempo y fundamentalmente bien.
Su destino.

Paso 3: piense que si usted es responsable de la totalidad de su vida, entonces los demás son responsables de la totalidad de la suya, ¿cierto? Nuestros actos y palabras no tienen significado per se, sino el que nosotros y los demás le dan. Ciertamente a veces cometemos actos que, tal como los demás tienen establecidas sus vidas, les causan daño. A veces son intencionales, cierto, y a veces no. Y cuando sí lo son, haga todo lo posible por reparar el daño. Esa es nuestra responsabilidad. Y se encontrará con muchas personas que buscaron inconscientemente que usted les infligiera ese daño, posiblemente para pagar una culpa interna. En esos momentos, ¿realmente sirve de algo sentirse culpable por el resto de su vida?

No importa qué tanto sepamos del éxito, la Ley de la Atracción, etc., si estamos inconscientemente pagando una culpa, nada funcionará. Este es el concepto que se encuentra detrás de la Reingeniería Personal y es por eso que nuestro Master en RP ha sido tan eficaz y va a lo profundo de nuestro ser.

Descubre tus culpas, dales un amoroso recibimiento en tu vida y acto seguido, despídete de ellas sabiendo que tu camino al éxito ya no tiene obstáculos.

Y si no eres capaz de descubrirlas y desenmascararlas, por el amor de Dios, no te sientas culpable.
 

Piense en ello.

Francisco Cáceres Senn